"La naturaleza es una predicadora; la vida es una maestra. El conocimiento no se obtiene sólo de los libros. La naturaleza ha de ser aceptada como la mejor instructora. Por su tolerancia, generosidad desinteresada, paciencia y serenidad, la Naturaleza está declarando continuamente su papel inherente y verdadero de predicadora de verdades espirituales. Consideren, por ejemplo, un árbol. Él ofrece la sombra y distribuye frutas a cualquiera que se le acerque. No tiene sentimientos de odio o venganza incluso hacia aquellos que le causan daño. No pide recompensa a aquellos que se benefician de él. Todos deben aprender esta lección del servicio desinteresado del árbol."
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