...gran festejo, celebración que duró seis días con sus noches y que concluyó con gran embriaguez y un par de heridos como ramificación de la marimorena.
En la primera de esas noches había estado allí, descubriendo a los triunfadores. A los demás aprendí a compadecerlos cuando adiviné su fatal rumbo.
Y así había sucedido, él, excesivo imprudente, según el otro, había afrontado grados, y el otro había aprovechado el incidente con celeridad de reflejos.
El otro, que se mantenía apartado entre ofensas rivales, sonrió y no interrumpió su risa cuando vio que debían dejar la ciudad para ponerse a cubierto de los trastornos que produciendo estaba una dolencia de ira.
Dada la bofetada, ardió la vela.
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