Una nítida luz
reflejó tu rostro marchito
de inocencia temerosa
y enigmática sonrisa.
La mirada fría y vacía
quebró tu candidez
de veinte primaveras
y fragancias muertas.
Una Lánguida lágrima
expiraba en tu mejilla
surcando tu carita
suave y delicada
de innecesario sufrimiento
y velada melancolía.