calcinado de humedades
escupido por los derribos,
me caliento quemando libros
ante los que antes recé.
no sobrevivió mi alma
a la dureza de éste cuento:
se desvaneció en plena noche
el calor de la hoguera,
enmudeció el acorde:
el tiempo resquebrajó
lo poco de intangible
que quedaba en el ruedo.
miro ésta luna gigantesca
en el morro de mi moto azul,
la noche parece que se despereza
mientras el lobo de la palabra
nace y se revela
amplio, desnudo y descalzo
bajo la pálida luz
de ese puñado de cirios
que ya no tienen canción.
...
pintada en la pared:
“ya que tenemos que morir
que sea pues
después de haber vivido
no solos y
desesperados
como viejos románticos
sino como hombres, mujeres
híbridos de ser mortal e inmortal
que somos”