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Julio y su sueño

Julio se despertó de súpito con sudor en la frente. Tuvo una pesadilla terrib

( por: archegonia | Género: Cuento )

 

 
Julio se despertó de súpito con sudor en la frente. Tuvo una pesadilla terrible. Soñó que estaba en un parqueadero y que al abrir el baúl de su carro se le acerco alguien. De lejos no se veía quien era, pero cuando vio, a través del reflejo de la luz de un poste, no lo podía creer.

Se le acerco muy, muy rápido, apenas Julio podía reaccionar. Cuando ya lo tenia en frente de el, el diablo saco una aguja y lo chuzo en el cuello. Julio no sintió nada, pero el punzón fue letal ante lo que este individuo dijo: Un día de estos, vas a tener una erección, y te vas a morir.

Bajo a tomarse su desayuno, y reflexiono sobre el sueño que tuvo, ¿que será?, ¿que significa?, ¿que fue lo que hice para que en el subconsciente esas cosas aparecieran? Era muy difícil de explicar. Debería preocuparse, el siendo hombre, cuantas veces va a tener una erección en su vida antes que se muera o va a ser la próxima vez, la segunda próxima vez, en un año, justo cuando este a punto de hacer el amor con una mujer...era un dilema muy grande.

Julio, según las malas lenguas, era una fino ejemplo de la especie bípeda de Canis lupus, como perro que se respete, con poco pelo corporal, salvo en sus partes nobles, axilas y cabeza, tenia la facultad de atraer y de hacer uso de su atracción. Nada era en serio, nada era para siempre, venían y se iban y así, como costumbre, desarrollo su rutina. Aprendió a pulir sus estrategias, cada prueba difícil no era una oportunidad para caer ante las redes espinosas del amor, sino para auto-desafiarse y probar aun más que nada le quedaba grande. No había ninguna mujer la cual no hubiera podido llevar a la cama.

Tiempo paso, y el se olvido de tan temible pesadilla. Fue una vez cuando, caminando por la calle, miro a una paloma alzar el vuelo, curiosamente, esa paloma se poso cerca de alguien asomándose por una ventana, era una mujer llorando.

La belleza en alguien se puede percibir a través de una carcajada, una sonrisa, una mirada perdida y distante o simplemente un poco de todas las anteriores. Esta mujer, sin embargo, llorando, mirando hacia el parque, diagonal al edificio por donde se asomaba, nunca se había visto tan hermosa, a medida que las lagrimas dibujaban los pómulos de su rostro y sus ojos negros se enrojecían.

Julio no era impulsivo, como perro, debía mantener su estatus de frescura y cautela, y planear una estrategia para cada conquista. Pero no se pudo contener, y cuando ya estaba a punto de arrepentirse, se encontraba al frente de la puerta donde se supone era el apartamento donde ella vivía. Cuando ella abrió la puerta el no se pudo contener y la beso. Ella reacciono asombrada pero sus ojos, mas allá del asombro denotaban alegría, gozo, como si un despertar hubiera ocurrido en su vida.

Julio fue comedidamente invitado a pasar a través de un largo y apasionado beso, a medida que Julio se adentraba a la casa, respondió a los toques de ella y aprovecho para quitarse la ropa y desnudarla. Conoció el sofá rojo cerca de la ventana y aprovecho su comodidad para probar un básico misionero, también tuvo la oportunidad de practicar su balance y su fuerza en la mesa del comedor, pudo sentir el como el frío de la baldosa gris penetraba sus huesos y aunque quiso no pudo disculparse por haber roto el jarrón situado en la mesita de café al colocarla a ella encima de el.

Dos horas después, exhausto y confundido, rápidamente se vistió, no la quiso contemplar mas y quería salir de allí lo antes posible no la quería ver y sentir el remordimiento de culpa por irse sin despedirse, sin decir adiós.

Ella al sentir sus movimientos se despertó, y apoyándose encima de el le impidió levantarse y el no tuvo mas remedio que estar sometido a quedarse ahí, mientras planeaba como quitársela de encima, literalmente.

Otras dos horas pasaron, suavemente, se quito la mano de ella del pecho y se deslizo muy cuidadosamente a ponerse los calzoncillos. Mientras buscaba por toda la casa cada una de las prendas que dejo regadas por el suelo, noto que un río rojo, muy fino, salía de la cocina. Se acerco, muy sigilosamente, tratando de evitar que el ruido la despertara, entro a la cocina y no podía creer lo que estaba viendo.

Era un hombre sentado, con la cabeza apoyada en la mesa central y con sus manos colocadas a lado y lado. Su cabeza estaba completamente cubierta de sangre, y su mirada, horrible, parecía detenida en el tiempo, sin luz, sin sombra, solo ahí mirando un punto fijo, sin parpadear.

Del susto, retrocedió de espaldas y no se percato de el ruido provocado por sus gemidos de asombro, noto que una sombra se poso detrás de el, cuando volteo a mirar, sintió un fuerte golpe en la cabeza e instantáneamente perdió el conocimiento.

Despertó y vio que estaba de espaldas a la orilla de un muelle, atado a una silla y con un trapo que le impedía musitar palabra. Entonces la vio a ella, aun, aferrado a un susto inminente, al terror que le deparaba su destino, y ante el desgarrador frío, nada de eso se comparaba con tal imponente belleza, era increíble, que pase lo que pase, fuera lo que fuera el tenia que admitir que esta conquista la perdió, por que se dejo atrapar por la red de espinas.
-Mira...-le dijo- tu me caes bien pero porque viste y sabes que yo mate a alguien...por eso no puedo dejar que sigas por ahí rondando, como dije, me caes bien y no te voy a matar… voy a hacer que el agua haga el trabajo por mí.

Con una patada, Julio cayo de espaldas al río, Julio lloraría pero le era imposible, mientras bajaba pensaba en su familia, en sus amigos, ya no los iba a volver a ver. Pensaba en todas las fortunas que tuvo en su vida, y pensó finalmente, en todas las aventuras que tuvo, todos los corazones que rompió, todas las promesas que nunca cumplió. Solo era esperar a que el agua llenara sus pulmones y arrebatara los últimos segundos de su vida.

Fue cuando sintió que se estaba acercando a la superficie, efectivamente, un grupo de buzos estaba ayudando a Julio a sacarlo del río. Julio, otra vez, iba a estar vivo, iba a vivir, iba a vivir una vida normal. Los buzos, quienes eran de la policía, habían capturado a la mujer y lo estaban rescatando. Julio sabia que iba a ir directo a una sala de confesión, lo contaría todo, les diría que estaba loca, que ella era demente, que era mejor que ella nunca se volviera a relacionar con la sociedad. Ella, quien con su cuerpo perfecto, sus paradisíacos besos le hizo sentir el placer mas grande en su vida, ella, quien le mostró como hacerlo con esa libertad, con esa pasión, con ese fuego…

Julio de un momento a otro se olvido de el estado mental de esa mujer, y solo revivía los momentos que tuvo con ella en su apartamento. Si, era oficial, estaba excitado, tanto que sintió como, en su parte baja, algo se levantaba y se endurecía, algo que el no lo podía controlar. Que desgracia ser hombre, en estos momentos cuando su mejor amigo no distingue entre el sexo y la razón. La erección era tan fuerte que sintió desmayarse, trato de controlarse pero no pudo, fue tan fuerte el recuerdo, tan profundo, que entre más recordaba, Julio se debilitaba más y más, hasta que cerró sus ojos…

Cuando los buzos sacaron a Julio del agua estaba muerto, según la autopsia, la razón fue inexplicable, solo encontraron que murió y que tuvo una erección en el momento de su perecer. Irónicamente Julio no murió ahogado como el esperaba, pero quien imaginaria, que la causa de su muerte fue el recordar la mejor aventura de su vida.



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Alias: archegonia
Nombre: Maria Angelica Rojas
País: Colombia
Fecha: 19-Noviembre-2008
Género: Cuento
 
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