Fuego y Sirenas

Hoy mi ciudad se resguarda del fuego. Los pjaros recobran su trino, desde algn lugar oculto. Papeles y memoria. rboles amarillos al azar que dejan mover sus brazos hacia un lago que se aleja. Desde esta orilla, al otro lado del sol, veo la ventana que se agranda y recobra el brillo de su cristal redondo. Tras l apareces: un rostro desconocido, una piel blanquecina que huye del sol. Tus ojos acuosos me recuerdan a mis mareas perdidas. Playas. Nebulosas. Ojos que se agrandan, buscando el norte al otro lado del hemisferio. Pero la tarde, inmisericorde, toca con sus dedos la ventana redonda. Convertida en un lago de sirenas, alguien alcanza a tocar sus cabellos, acariciarlos en su pose de don cobrizo, el tierno mrmol de sus senos, que se mueven en la ausencia de sus olas antiguas. Ven. Te he visto tras mi ventana y no puedo olvidar dnde estn tus ojos en mi memoria. ** IB (09-06-2006)

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