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Destino Al Azaib
 
Destino Al Azaib
 
Mi nombre es Ahmed Salhi. Nací hace 26 años en Al Azaib, un pueblo de la provincia de Chaouen, Marruecos. Soy el mayor de siete hermanos, todos varones.
Mi familia vive del turismo, tenemos una pequeña tienda de souvenirs la cual nos proporciona una vida cómoda. Pero yo necesitaba salir de aquella monotonía, cambiar el decorado de mi día a día.
Cogí todos mis ahorros y decidí hacer un viaje en solitario para conocer mis límites y ver mundo, hice mi petate y sin rumbo fijo, antes de que saliera el sol, me vi caminando hacia la parada del autobús.

Tras esperar un par de horas, llegó un autobús viejo, sucio, con pocos pasajeros. Me acerqué hacia el conductor y pagué mi billete sin saber cual era el destino de mi viaje. Me senté al lado de la ventanilla derecha de la parte trasera, donde dejé el petate en el suelo y apoyé mis pies sobre él.
El conductor arrancó aquel trasto y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Estaba asustado y excitado.

No sé cuánto tiempo estuve dormido, desperté y miré a mi alrededor totalmente desubicado y pude observar que el autobús estaba lleno de gente. Todos tenían la cara desencajada mientras miraban por las ventanillas de mi izquierda. Mi curiosidad me obligó a girar la cara y dirigir la mirada hacia allí y no podía creer lo que estaba viendo.
-¿Dónde estamos?-pregunté

-estamos en el Aaiún- me contestó un anciano que se sentaba delante de mí

-El Aaiún, ¿dónde está El Aaiún?-volví a preguntar

-¿No sabes dónde estás?, ¿acaso andas perdido muchacho?, estás en el Sahara amigo, y lo que estás viendo es el pan de cada día, sigue tu camino y no te quedes por aquí.-me dijo el viejo

No respondí porque no podía dejar de mirar por la ventana atónito.

El humo apenas dejaba ver la gran cantidad de jaimas que se extendían sobre el terreno hasta donde me alcanzaba la vista, pero calculé que más de 7.000. Un grupo de personas corría despavorida de hombres armados que disparaban indiscriminadamente sobre todo lo que se movía. Podía oír los gritos de terror desde mi asiento y me quedé paralizado.
-pero ¿Porqué estamos aquí?, ¿qué está pasando?-pregunté de nuevo asustado

- las fuerzas de seguridad marroquíes, nos han obligado a desviar nuestro rumbo y mucho me temo que algo malo va a pasar-comentó en voz alta el conductor

Mientras todos los viajeros miran con pavor lo sucedido, una bomba de humo rompe uno de los cristales del autobús y nos deja ciegos. No puedo respirar, me arden los ojos y la garganta. Me levanto, cojo mi petate a ciegas y salgo por la puerta que el conductor ha abierto sin dudarlo dos veces. El pasillo del autobús es muy estrecho y dado que el pánico reina dentro de aquel trasto viejo, voy avanzando entre empujones hasta que por fin piso tierra.

Ahora me siento indefenso, los viajeros han corrido y se han mezclado con los civiles saharauis que también huyen. Estoy totalmente perdido, no sé que hacer, si me quedo puede ser que crean que soy un rebelde y me disparen, si huyo darán por hecho que lo soy, pero al menos tendré una oportunidad de salir con vida de esta.
Empecé a correr como nunca antes lo había hecho, no sé por cuánto tiempo ni cuanto he avanzado en el, pero ya no puedo más y caigo rendido.

Un coche todo terreno blanco se aproxima hacia mí, pero estoy tan cansado y exhausto que me doy por vencido, ni siquiera tengo fuerzas para pensar lo que harán conmigo.
Del todo terreno bajó un chico que tendría mi edad, llevaba en la mano una metralleta y me hablaba muy rápido, tanto que apenas le entendía.
-Sube al coche si quieres salvar la vida- me dijo tendiéndome la mano
No pregunté y subí rápidamente

El coche zigzagueaba por el desierto y daba la impresión de que iba a volcar de un momento a otro, me agarré con firmeza al asiento de atrás, donde había otros tres chicos asustados, entendí que estaban en mi situación y que aquel joven anónimo nos salvó la vida a todos.
Nos llevó hasta una aldea situada en Tan Tan, a unos kilómetros más al norte, allí paramos en la entrada de una bonita casa y nos recibió un hombre que rondaba los cuarenta años con barba y semblante serio.
-Bienvenidos a mi casa, Alá esté con vosotros-nos dijo
Entramos en la casa, una mujer nos dio comida y agua. Me levanté y me dirigí al balcón para estar a solas conmigo mismo e intentar comprender qué estaba pasando. El chico joven y el hombre se reunieron conmigo en el balcón y se colocaron a mi lado.

-la seguridad marroquí cree que sois rebeldes, habéis huido con Rachid, que os ha traído hasta aquí y vuestra vida corre un serio peligro-me dijo el hombre

-pero yo no he hecho nada, estoy viajando para conocer mundo, no me he involucrado en ningún problema-le contesté

-eso díselo a los hombres de Mohamed VI, ese cabrón no dudaría en borraros del mapa solo por dudar de si sois rebeldes o no, nosotros podemos ayudaros a salir de Marruecos y que podáis volver dentro de un tiempo, cuando todo se calme-añadió el chico joven que me salvó llamado Rachid

-yo quiero volver a mi casa, con mi familia, ellos me esconderán hasta que las aguas vuelvan a su cauce-insistí

-si haces eso, pondrás en peligro a toda tu familia, ¿es lo que quieres?-me preguntó Rachid

-no, quiero que mi familia esté a salvo ¿Qué debo hacer?-sentencié

-Primero deshacerte de tu identidad, entréganos tu pasaporte, luego, viajarás hasta Tánger con Rachid, allí os encontrareis en una cafetería llamada Paris con las personas que te sacarán de Marruecos, no te preocupes, todo estará a punto a tu llegada para que puedas escapar lo antes posible.-me dijo el hombre

-¿Por qué hacéis esto?, ¿Por qué me ayudáis?-pregunté

-lo hacemos para ganarnos la vida, ayudamos a prófugos y rebeldes para que puedan ir a Europa y hacer vida allí como personas libres, sin pasado.-me dijo Rachid

-yo no soy prófugo ni rebelde y apenas tengo dinero, ¿Cuánto me costará salir de aquí con vida?-seguí preguntando

-el precio de tu huida son 50.000 dírhams, pero incluye el viaje hasta Tánger, la comida y bebida que necesites y tu billete de salida-dijo sonriendo el hombre

-ese dinero es todo lo que tengo, si te lo diera a ti, jamás podré volver a casa con mi familia.-dije apenado

-¿Cómo te llamas muchacho?-me preguntó el hombre

- Ahmed, ese es mi nombre señor-contesté

-Ahmed, ¿qué familia tendrás si estás muerto?, haz este viaje y huye a Europa, allí hay dinero suficiente para que puedas regresar, podrás trabajar, hay mucho trabajo. Quizás hasta consideres el quedarte allí, los occidentales viven mejor que nosotros. Son ricos-me respondió el hombre

-de acuerdo, no tengo más opciones, ¿verdad?-pregunté

-no, no las tienes hijo-me dijo con tono paternal aquel hombre.

Abrí mi pequeño bolso de piel, donde guardaba exactamente 50.000 dírhams y mi pasaporte y se lo entregué en mano al hombre en aquel balcón. Lo cogió con una sonrisa, me miró a los ojos y me dijo:
-haces lo correcto Ahmed, ahora come algo y descansa, partirás mañana antes de que salga el sol.

No pude dormir aquella noche, mi mente era como una máquina de esas del colegio, donde pasan diapositivas en una pantalla. Las imágenes del horror en El Aaiún, de mi familia, de las caras de pavor de los chicos que estaban sentados a mi lado en el todo terreno huyendo a saber donde, pasaban por mi cabeza rápidas pero cada una de ellas se me clavaba en las sienes como una aguja.

Me levanté intentando hacer el menor ruido posible, me acosté vestido y tenía el petate a los pies. Salí a la calle donde Rachid estaba en el coche esperándonos, junto con uno de los chicos.
-vámonos, estamos listos para el viaje-dijo Rachid

-y los otros chicos ¿No vienen?-pregunté

-no pueden pagarse el viaje, vagarán por estas tierras hasta que puedan regresar a sus casas o reúnan el dinero para poder escapar, vosotros sois afortunados, bendito dinero-dijo riéndose Rachid

Me subí al coche con el otro chico. Solo podía pensar qué clase de vida había tenido Rachid para llegar a tener ese corazón podrido y ser un criminal traficante de seres humanos.

-¿Cómo te llamas? ¿Cómo has llegado a verte en esta situación?-pregunté al chico que nos acompañaba

-me llamo Abdelilah, estudio medicina en La Universidad Mohammed V en Souissi, Rabat. Decidí viajar hasta el campamento saharaui, para ayudar de forma solidaria, pero el ejército marroquí irrumpió de forma violenta, no sé lo que pasó entonces, me vi subido en el coche de Rachid. Ahora tengo que huir y siento que he perdido todo a cambio de nada-me contestó

Estaba agotado y no tenía fuerzas, Cerré los ojos y caí en un profundo sueño.

Cuando desperté estábamos a 200 kilómetros de Tánger. Ya quedaba poco para que esta pesadilla acabara.

La cafetería Paris está situada en la Place de France, es una de las más antiguas de Tánger. En ella se sentaron muchos intelectuales. ¿Quién diría que ahora es un nido de mafiosos que se enriquecen tratando con personas como si fuesen sacos de harina?

Sentado en una mesa estaba aquel hombre de raza negra, estaba sudando como un cerdo, con un reloj de oro y ropas caras. Nos acercamos hacia él, se levantó y abrazó a Rachid.
-Bueno Rachid, ¿qué me traes hoy?-dijo alegremente

-estos son Abdelilah y Ahmed, deben salir lo antes posible como acordamos amigo mío-respondió Rachid

-de acuerdo, tienen dos plazas en un mercante, llévalos al puerto y allí habla con Mohamed, el les dirá como proceder.-le indicó el mafioso

-muy bien, te veo en un rato y hablamos de negocios-le respondió Rachid

Llegamos al puerto donde estaba aquel hombre, Mohamed. Sus ropas estaban sucias y olía mal. Rachid nos comentó que debía ir así de mal vestido para pasar desapercibido, ya que las autoridades no tenían consideración con las mafias.

Rachid se despidió de nosotros y nos deseó un buen viaje y una gran vida:
-Alá sea con vosotros hermanos

No respondí, estaba tan enfadado conmigo, con el mundo y con aquellos mafiosos, que solo tenía ganas de volver a mi casa con mi familia y mi rutina.

Alrededor nuestra merodeaban gentes desesperadas por salir de Marruecos hacia Europa, incluso había un muchacho que no tenía calzado y se podía ver las heridas tan terribles en las plantas de sus pies. No quise hablar con ellos, eso solo me traería más miseria a mi vida de la que tenía en ese momento.

Pasaron horas y ningún barco zarpaba, nadie nos dijo nada, la noche empezó a caer y el tal Mohamed había desaparecido. Di una vuelta por el puerto para ver que ocurría, mientras Abdelilah se quedaba allí mismo por si zarpaba el barco.

A mi regreso vi llorando a Abdelilah y al chico sin calzado.
-¿qué pasa?-pregunté

-no hay viaje ninguno a Europa ni barco mercante, Rachid nos ha robado el dinero y ahora estamos aquí sin blanca, nos han estafado, ¿qué haremos ahora? ¿Qué será de nosotros?-dijo entre lagrimas Abdelilah

-tendremos que sacar dinero, para el viaje como sea, estamos expuestos y no estoy por la labor de que me maten injustamente por algo que no he hecho.-sentencié

Esa noche dormimos a la intemperie, a la mañana siguiente tenía claro que conseguir dinero era una prioridad para sobrevivir.
Tras un par de días en la calle, sin comida ni un techo bajo el que cobijarnos, pude ver al chico sin calzado, que como por arte de magia, llevaba unos zapatos negros y una camiseta nueva. Iba bien peinado y aseado.
-Perdona chico, ¿de dónde has sacado todo eso?-le pregunté

-días atrás, cuando lloraba porque fui estafado, se me acercó un hombre y me propuso sacar dinero si a cambio, trabajaba para él-me respondió

-¿puedes concertarnos una cita con ese hombre?, hemos sido estafados al igual que tú, y necesitamos llegar a Europa sin demora-le dije

-le llevaré tu mensaje, no te preocupes-me respondió

-en frente de la cafetería Paris estaremos todo el día-le dije

Miré por las mesas de la cafetería en busca de aquel mafioso que nos engañó para ajustar cuentas, pero no apareció, quien sí lo hizo era el muchacho sin calzado y un hombre de unos sesenta años de muy buen parecer.
-soy Hassan, el hombre para quien trabajo acepta vuestra solicitud de hacer labores para él a cambio de dinero, haréis lo que se os diga y de la manera que se os diga, si estáis de acuerdo dirigiros mañana a esta hora al Café Manara, allí se os indicará que debéis de hacer, si no estáis seguros, no aparezcáis por allí ¿de acuerdo?-dijo el hombre en tono amenazante

-allí estaremos-sentencié

Estábamos sentados Abdelilah y yo enfrente del Café Manara, el chico sin calzado vino hacia nosotros y nos contó que debíamos dirigirnos a una casa apartada, nos dió el plano y se marchó.

Nos recibieron de manera cordial en aquella casucha vieja, nos dieron de comer y en una salita, sobre la mesa había kilos de hachís.
Said era un tío que emitía buenas vibraciones, entró en aquella sala, nos invitó a sentarnos y nos contó que debíamos engullir un kilo de hachís en forma de pequeñas bellotas. Nos pagarían el viaje a Cádiz, donde nos esperarían unos marroquíes, nos llevarían a una casa y allí deberíamos dejar el #8220;equipaje#8221;.
-¿a Cádiz?-pregunté

-si a Cádiz, a tu vuelta te pagaremos-me contestó

-no quiero que me pagues, quiero quedarme en Cádiz-le dije

-si logras llegar hasta allí sin que la policía te coja, entregar todo el cargamento, nos daremos por satisfechos y tú podrás darte por pagado si te quedas allí-me dijo

-ese será el trato, yo llevo el cargamento a salvo a su destino y a cambio me quedaré en España, no volveré-me aseguré

-que así sea-sentenció

Nos dieron de cenar pronto, ya que si queríamos tragar un kilo de hachís, tendríamos que tener el estomago vacío.
Por la mañana en ayunas y con ayuda de un par de litros de leche, empecé a engullir esas malditas bolas una a una. Abdelilah no pudo hacerlo, vomitaba cada vez que lo intentaba y se le llevaron de la sala.
-¿Dónde le lleváis?-pregunté

-no te preocupes amigo, se le encomendará otra labor como a tu amigo Ali-respondió Said

-¿Ali? ¿Quién es Ali?

-Ali es el chico que os dio la dirección de esta casucha, le encontramos llorando en el puerto sin zapatos y ahora tiene el dinero suficiente para ir a Europa, pero no quiere, le va muy bien con nosotros.-me respondió

Al salir de la casa con un kilo de droga dentro de mi cuerpo me encontré con Abdelilah que estaba de pié en otra sala con la mirada ausente.
-buen amigo, espero que te vayan bien las cosas, me marcho a España y no volveré-le dije

-espero que puedas llegar a tu destino sano y salvo. Que todo vaya genial y que Alá este contigo.-me respondió

- Abdelilah, ¿qué harás tú para reunir el dinero suficiente para viajar a Europa?-pregunté

Me apartó hacia un rincón y en voz baja me confesó:
-He de encontrar gente que quiera viajar a Europa, les citaré con aquel hombre del bar con quién se vio Rachid, el del reloj de oro. A cambio me pagarán una gran cantidad de dinero, les he comentado mi situación de fugitivo y ellos me darán protección, no tendré que salir de Marruecos Ahmed. Con el dinero que me paguen podré ahorrar y volver a casa en un par de años de una manera cómoda-me dijo con cierto tono de alegría

-oh amigo mío, que desgracia la tuya, tras todo este angustioso camino de pesadumbre y miseria te ponen dinero en la cara y olvidas todas las fatigas por las que hemos pasado juntos por culpa de esta gente. Ahora tú, serás un desalmado que venderá humo y muerte a gente desesperada que por su miserable situación, se juegue la vida para cruzar el mar a cambio de todo su dinero. ¿Qué clase de código ético te enseñaron en esa universidad?, ¿dónde está tu espíritu solidario?te has corrompido por un puñado de dinero-contesté

-no me culpes a mí, me he visto en esta situación como tú y he de salir de ella como sea y de la manera que sea ¿Qué hubiera sido de ti si Rachid no te hubiera recogido en aquel todo terreno en el desierto de El Aaiún?-preguntó

-Que sería libre y no estaría vendiendo mi cuerpo a una mafia que se enriquece de la miseria del ser humano, ¿no eres consciente de que subir a aquel coche fue lo que nos hizo fugitivos?, Si hubiéramos permanecido allí nada hubiera pasado, estoy seguro, ahora por mi ignorancia me veo esclavo y forzado a dejar mi tierra por otra desconocida. Mi miseria no ha hecho nada más que comenzar, sin embargo, tú has elegido tu camino. Adiós Abdelilah, espero que Alá no esté contigo y que te pudras en tu propia conciencia-me despedí.

Said me llevó hasta el puerto, allí me esperaban otras personas que me llevaron a Ceuta, donde cogí un barco que me llevó hasta Cádiz. Allí me esperaban otros marroquíes. Me quedé en su casa dos días, me trataron muy bien y me marché.

No pasó mucho tiempo cuando la policía española me detuvo por falta de documentación, no entendía su idioma y me llevaron a un campamento de la cruz roja donde iban a parar todos los valientes que cruzaban el estrecho en busca de una vida mejor. Me hicieron entrar en una tienda de campaña, no entendía sus palabras pero si sentía calor en ellas, los intérpretes repetían como loros lo que aquellos agentes me decían.

Me trasladarían a un centro de internamiento de inmigrantes, que es donde se retiene a los inmigrantes que van a ser expulsados del territorio nacional. Mi destino era el CIE de Algeciras.
Jamás hubiera imaginado que en un país occidental pudiera existir sitios como este.

Guardias armados me han obligado a desnudarme completamente para el registro, mi dignidad está en el suelo junto con mi ropa usada y sucia.

Duermo en un dormitorio con otras once personas, las puertas, de rejilla metálica o barrotes, se cierran durante la noche. Me falta el aire y la ventilación es mala, estoy preso en una pocilga y la mugre me invade.

La luna que se cuela por mi ventana es testigo de los gritos nocturnos, que no sé a qué se deben, pero el escalofrió que recorre mi espalda delata que son de desesperación y fruto de las acciones llevadas por los custodios que abusan de su poder con personas que han perdido hasta la identidad.

Pasé 15 meses encerrado en aquella cárcel ¿mi delito?, ser un joven ignorante que fue engañado por personas más listas que yo para beneficio suyo. Utilizaron sus argucias para cambiar mi destino por comidas caras, coches lujosos y estatus social, eso es lo que yo les he regalado por mi ignorancia.fui estafado y estoy pagando un precio demasiado caro.

Me pregunto qué será de mi familia, si me echará de menos, me fui sin decir adiós. Quise cambiar de aires y el que ha cambiado he sido yo. He tocado fondo, las cientos de personas con las que comparto esta cárcel de no delincuentes y yo, estamos muriendo lentamente.
Un guardia entró en mi celda preguntando por mí, me levanté rápidamente y me presenté. Me pidió que le acompañara hasta una pequeña oficina, donde había un gordo burócrata que me hablaba mientras sonreía, el intérprete me lo tradujo:
-Vuelves a casa Ahmed, un familiar tuyo nos ha aportado tu documentación, tras comprobar que está en regla, podemos mandarte a casa.

Lloré como cuando una madre recupera a su hijo perdido, mis ojos escupían lágrimas, pero en realidad quien lloraba era mi alma.

Durante estos tres años de penurias, llegué a suplicarle al tiempo que pasara rápido y me hiciera los días cortos hasta mi fin, pero en ese mismo momento eché el freno y dejé que el tiempo corriera despacio.

Sentado en aquel avión de vuelta a Marruecos, plegué ligeramente los labios en lo que parecía una sonrisa, hacia tanto tiempo que no reía, que mi cuerpo se extrañó, pero rompí a reír y me invadió la felicidad.

Estaban todos allí, mis padres y mis seis hermanos, llorando. El mejor recibimiento que una persona puede tener. Me abracé a ellos con tanta fuerza que se me agarrotaron los músculos de los brazos.
Me explicaron que se enteraron de mi situación y de mi paradero gracias a una carta de un muchacho llamado Abdelilah. Intentaron contactar con él pero les comunicaron que había sido asesinado en Tánger, por unos inmigrantes a los que había estafado.

-Que estés aquí hoy se lo debes a Abdelilah, hijo mío- dijo mi madre.

No contesté, necesito tiempo para renovarme y empezar de cero, sigo lleno de rencor y miedos.

Hoy estoy sentado en la puerta de mi casa junto con mi mujer y mi hijo Abdelilah. Doy gracias todos los días por estar vivo y libre.
Haré que esta historia la escuchen mis hijos y los hijos de mis hijos para que no caigan en las sutiles trampas en las que caen los inocentes ignorantes.

Me llamo Ahmed Salhi y esto que habéis leído es mi historia


   
 
 

Fin
 

Comentarios para esta obra
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literacruda 22-Noviembre-2011
  ~ gracias, la dignidad es lo que nos queda una vez nos lo han quitado todo. no podemos dejar que nos la arranquen.
hechadesilencios 22-Noviembre-2011
  ~ y aferrarse a la dignidad posible por encima de las ruinas del recuerdo del caos vivido. Mi aplauso para tus letras._nara _nara
hechadesilencios 22-Noviembre-2011
  ~ Hay sucesos en la vida de un hombre que roban literalmente la propia vida de esos hombres que sobreviven de alguna manera a la desgracia que les quiebra el alma. Hay que aceptar con serenidad esa segunda parte de la vida y aferrarse a la dignidad posible
 
  De: literacruda
Nombre: .
Publicacíon: 21-Noviembre-2011


 
 

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