poema 11

Cuatro tiras de lino crudo blanco entrelazan con ciegos nudos de dominio sus antebrazos y tobillos, hechos con grado tal de perfecta libertad que permitirn a manos y pies, en breve, la tersa crispacin del placer sumiso que a esta hembra dorada domina. Una venda de seda olor a jazmn y canela eliminan el ultimo contacto visual con la extraa habitacin que los contiene, dejando en sus sentidos un tallado ptico, como en una antigua placa de plata la imagen de los penetrantes ojos claros del sdico hombre que con rostros cambiantes de supremo morbo y osadia la somete. Dos tiras de suave razo aprietan ahora sus muslos casi de manera simultanea colocadas, atados con la maestra de quien ha actuado en esta perversa opereta para otras tantas mujeres otras tantas veces, recitando cada una de sus arias con el nico fin de proporcionar placer, enajenando con sus silentes maneras a la prima Dona en escena de toda distraccin que la lleve fuera del mbito egosta de su cuerpo y sus sentidos. Por un instante, por un segundo, que pudo ser eterno, se supuso sola en medio de aquella esquizoide entrega, sobre aquella reciclada lencera, sugiriendo al vaco una obra de arte surrealista de punto focal estirados miembros y la mancha del hmedo sexo, captada en un flash infinitesimal del tiempo, presa del pnico y el placer, un Dali vivo, jadeante en ansiedad profunda en soledad absoluta. Conservaba aun su ropa interior, en eso pensaba, cada vez que el vrtice inferior de su vagina se hacia mas denso mas pesado, solo el delicado encaje que llevaba evitaba que su perfumado flujo de mujer en celo corriera libre por su entre pierna hasta llenar del todo con su humedad el breve espacio entre sus nalgas, en eso pensaba cuando sinti la presin de los labios de su amante sobre los suyos, al unsono un hilo de alcohol fuerte se filtro en su boca mezclado con el mas retorcido y perfecto beso de lengua que nunca jams vivi. Tantos besos, tanto mas alcohol una y otra vez sin poder precisar si cada ves era distinto el beso o era distinto el licor, sinti escanciar alcohol sobre su sexo, sinti caliente el alcohol correr entre sus tetas y llegar ardiente hasta sus nalgas, sinti a su amante beber largos sorbos del sensual cctel mezclado sobre la convexa copa de su sexo, bebiendo como obsesa jaura sedienta, disociadora del tiempo Y en cada sensacin, cada acto estando presa de la posibilidad mnima de moverse atada de manos y pies con ansias locas de ser posea con la furia naranja de los volcanes, con la fuerza turquesa incontenible de los ocanos, en la sucesin de penetraciones infinitas de cuantos nmeros incontables existiesen, viva el inmediato terror que la penetracin ansiada, de tan permitido ultraje, diera con el final de aquel paranoico aquelarre de femeninas sensaciones . Un fino estilete metlico se poso sobre la saliente del hueso en su cadera y se desliz con la presin exacta por su dorada piel tan exacta como para hacerla sentir el afilado borde dentro de los leves limites de las fronteras del dolor el temor y la pasin. Con un imperativo gesto corto de un tajo la delicada ropa interior en ambos lados de su cadera, su sexo estaba expuesto ansioso abierto mojado de alcohol y sus internos venenos, sinti el peso sobre sus muslos en el instante que la horma de su sexo se hizo templo del perfecto deseo de su amante, leve levanto sus caderas, estrellas y luceros fugaces explotaban con vaivn sobre su vientre con el armnico ritmo de cada constelacin del universo, vez tras vez entraba en ella y ella entraba en el, vez tras vez fueron uno, en cada arremetida la cortante hoja con la delicadeza de un sacrosanto orfebre liberaba piernas y manos, cortando los lazos, vez tras vez fueron uno, vez tras vez, fueron descubriendo tras la venda perfumada de sus ansias a la persona que amaban. Rendidos ebrios de amor y de licores con las luces de mil velas alumbrandole los sueos durmieron uno sobre el otro como los amantes eternos que siempre serian.

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