Balada.

En aquel escenario sus pies no pudieron contener las ganas de bailar; la lluvia marcaba el ritmo de sus movimientos, en el suelo enlodado fue dejando huella de su danza nocturna... Era suerte que el viejo cementerio nunca cerrara, aunque realmente triste que a nadie le importara, desde haca ya ms de 50 aos ningn visitante llevaba una flor... Decidi danzar sin parar, como nunca antes, lgrimas de alegra y libertad se mezclaron con la lluvia; aunque los dems reposaban en un sueo eterno donde no podan escucharla, enton su cancin favorita y al tocar los primeros rayos de sol las piedras de aquellas tumbas, coloc una rosa sobre la lpida con su nombre y desapareci poco a poco, como agua que se evapora, la luz apenas alzanz a acariciar su sonrisa.

Opciones para esta obra:

(solo para usuario registrados)