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Bajo el Almendro Escrito por Ruben Dinamarca rubenzuelo, predicado.com

Bajo el Almendro

Era tibio el atardecer y las sombras empezaban a reinar, Tomados de la mano, t con la cabeza inclinada Yo apretndotelas y mirndote fijamente a los ojos Donde pude descubrir dos lgrimas asomndose descubriendo la amargura del adis. En el almendro dej clavado mi corazn Tambin tu sonrisa de cristal y el perfume de tu aliento. Ese rbol que hoy he vuelto a reconocer Me ha trado tu recuerdo y la tarde aquella Donde dej al testigo marcado en su corteza. El amor que se abandona por la fuerza del destino. Y hoy siendo imponderable la majestuosa Figura del que nos vio llorar abrazados Y unidos por el dolor me muestra la huella Dejada en su cuerpo como prueba ineludible De lo que debi haber sido y no fue. El viento arras tus ramas y te inclin hacia la tierra Pero no te venci sino que te hizo mas alto Mas notable porque te vemos desde lejos Como monumento al recuerdo que vuelve ora vez. No me importa lo que me dijeron las lenguas viperinas No importa la pualada violenta que me dieron mis amigos Al contarme la realidad burlesca de lo que en realidad decan. Por este almendro que est a mi lado te juro Que an te siento como aquel da que te despeda. Del calendario cayeron cien hojas como si fueran de este rbol yo sumido en el silencio del mas atroz de las penas ahogo mi pesar en las dulces palabras que de tus cartas salen, son cien y quizs muchas mas que borradas de tu corazn estn. Mudas se quedan cuando yo las leo y releo y la razn de la sinrazn Revientan de rabia sin comprender el porqu del nunca mas.. Mi abuela socarrona con pcara sonrisa nos miraba Y en ella haba una intencin de contenta al vernos Entusiasmados mirarnos largo tiempo a los ojos sin movernos -ya chiquillos dejen de mirarse que ojearse pueden Y vengan a comer estos pastelitos de almendras que les prepar Miren que el amor mucha hambre ha de dar Y languidecer de pasin hasta quedar flacuchentos , enchapados en carne-. Entonces despertbamos de nuestro letargo amoroso. Si delicias hablamos estos pastelitos eran ambrosa de los Dioses Consumamos y reamos con candor juvenil Hasta que la abuela deca-basta nios maosos que comer sin hambre No se engaa al estmago pero se aletargan sus gstricos jugos Y enfermarse llegan hasta tal punto que la cama han de merecer.. As te recuerdo no como ahora con el desaire del desamor. Pasaste a mi lado como una faraona exhibiendo tu hermosura Regalando tu perfume de mujer del mundo compuesta Ya tu primera juventud en el olvido mas lejano queda. Pero que importa si te tengo clavada en mi corazn y en el almendro Imperecederos, eternos, mira que no te cambio ni por el derecho Ni por lo ambiguo, tu la chiquilla rubia y frgil Yo, como este viejo rbol, indestructibles e imperecederos.

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