Precipicio

Hoja en blanco y luego cornisa. Deslavado el destino rellenando su tintero con la sangre de mis venas, reafirmando su voz con la resonancia de mis pasos, de mis sueos que hacen eco en el cielo con sus frases de alma nueva, que como dragones hambrientos surcan el tiempo incendiando esta tierra. Elevadas cumbres de reverberaciones incuestionables que se filtran a travs del espejo, de mi piel, de mis ojos y mis huesos mientras yo permanezco, lamiendo este reflejo que me mira y sonre. Se deleita de su agona, de esa lgrima carmes que escurre inmensidad y locura, cuestionando al sol a los cometas y la luna, cuestionando esta etrea realidad que no ceja de nombrarse; juez, verdugo, vctima de su sombra. No hay piedad en la alcoba, no existen pactos entre montaraces. El silencio no degella los latidos. Mueren de hasto! de abandono, de indiferencia al escucharlos sin seguirlos. Uno calla poco a poco dejando el pecho olvidado y en silencio, hasta que inerte como preso mirando al cielo exhala un sueo, clamando en alarido; Una hoja en blanco! Sin importar que luego siga el precipicio

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