racimo de estrellas

Nubes del da inmaculado contra mis sombras, a travs de ellas. Ya no distingo nada, solo instantes nveos bajo el manto de lo claro: el espacio muerto, el alma destrabada de la ambicin y de la confusin de ser tiempo intervalo espectral y siniestro. Albor de deseos muertos, Lapso difano, silencio gritando, ceguera que te mira. Calcinando tu memoria, revela tu estado lvido y etreo, contra el tiempo y su marea. Presencia que jacta, llamarada que congela. Desvainada del cuerpo como guisante que cae al suelo sin su cubierta. rida, libre y sedienta, el alma vuela del ansia, del afn de solo pensar. Aliento de un recuerdo petrificado que fue cpula, que fue deseo, que fue distancia, abrazado a sus creaciones como abraza el sol nuestra carne. Hlito que es entidad y es pleno encumbrado ah, donde van todos los sueos que se suean a s mismos cuando surcan el infinito. Y es hoy tan slo este espacio, tan nfimo, tan ilusorio y sincero, como un ave que tiembla y se regocija en la cornisa antes de abrir sus alas. Alas de un cuerpo que no saba de sus huesos, de su boca, de sus grietas, de su esencia neblina y su retumbar lmbico y sublime. Hasta sentir ese feroz latido entre sus plumas y su pecho. Presencia que no saba de su forma lvida y atroz: Es tu eco la memoria de mi sombra., Comprime mis orgenes insurrectos. El mundo ata, cosecha el miedo. Retorno al cuerpo y la verdad abatida Por una realidad sin destino. Ms, la verdad no recuerda nada, no espera nada, no pide nada. Solo es desde los nidos de su entelequia las causas de su comienzo contra razn y decreto el todo en el todo indagando la nada incendio en el agua demasas de vehemencia, totalidades inciertas. Estalla la noche Se transfigura este instante y se vuelve eterno El resto es solo una ristra de hados Y mis lunares? Sobreviven Acumulados en ese racimo de estrellas justo al lado de mis sueos.

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