extinción

Las cosas que cambian no retroceden jamás. ¡El águila abre sus alas para nunca cerrarlas. Sin embargo ese día en que aquella ave magna clausure su envergadura y no vuele más, también llegará. Así como el sol un día estallará El silencio y mi voz cómplices perpetuos amantes ajenjos de este corazón que igual nada que vuela, igual ríe que llora, igual grita que calla, igual calma que estalla En este momento que también morirá. Cuando los aguiluchos caen desde el borde Sin probar cielo ni nubes lo hacen sin reproche. Salvaje es el destino que nos mira sonriendo Mientras desde el rabillo del sueño conjura a la locura, lamiendo tez y mis versos. Una flor en su acierto se seca, y en polvo se mezcla con el viento que silva y susurra. Al roce de la distancia desafiando al olvido que te mira y acaricia con tierna complacencia mientras se marcha en la niebla. ¡Los instantes que fueron, santiamenes perdidos, las jornadas pasadas ya no tornarán! ¡Qué triste la memoria que se desgrana y se asombra bajo el yugo siniestro de un recuerdo tan yermo que no volverá. ¡Qué afligido el pasado, el futuro incierto, las dudas creadas por todos nuestros miedos! Y esas promesas marchitas, juramentos paganos Ensueños lejanos, retablos de otra presencia Que entre el cielo y el suelo siempre se nos van. Incuria, amordaza Estos ecos fortuitos… ¡abriga mis letras, desnuda las llagas, entiérrate en mis venas, descifra esta mezcolanza de retazos del alma que he zurcido con escombros de esos amores remotos, dulces pecados que aun paladeo en mi boca …!ya que todo lo que recuerda sangra¡ y todo lo que sangra regresa a buscarse a sí mismo

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