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La memoria del corazón Escrito por tino kirva, predicado.com

La memoria del corazón

Cuando me miro en ese espejo hondo y gastado me sacudo; El corazón trepida y clama. Algo en mis cimientos se estremece, removiendo todo en mi, revelándome brutalmente en el inevitable derrumbe de mis escamas y mis máscaras. Es este órgano magro y libre que hace temblar todos mis muros estremeciéndome salvajemente, corriendo la cortina sin piedad abriendo las compuertas de mi vida sin preguntarle a la razón que sería si alguien entrara de nuevo en mi morada, si alguien pasara a mi refugio donde el alma yace desnuda y los sueños vuelan libres y sin miedo. El corazón siente, vive y recuerda; ¡el alma vuela! Y luego grita; le dice a la vida que el sueño aún permanece, pulsando al ritmo del infinito cantando el tono de la existencia; la misma sinfonía, el mismo latido, el mismo ritmo, como si el todo fuera un solo deseo una misma voz, un mismo aliento, un solo corazón. Este sabe lo que existe y siempre sabe lo que quiere, así como el alma perpetuamente busca su fuente; El corazón sigue escuchando al infinito latiendo siempre al mismo ritmo, sin escuchar los balbuceos de la razón. El Alma te conoce, sabe de tus miedos, tus valores y todos tus rincones, cada arruga en tu faz y cada cráter en tu pecho, cada ver de tu mirada, cada escudo y cada daga que aun portas en tu espalda. Mientras sigas buscando, es imposible detener al corazón o silenciarlo; es como mirar un cielo magno sin luna, abierto y sincero; tanto tu como el cielo. Completamente estrellado y completamente extenso, y no sentir esa descarga total que como cometa surca tus entrañas abriendo de pleno tu pecho para que penetre en ti el infinito con toda su belleza reencontrándose con tu propia inmensidad; reconociéndose como amantes, cómplices eternos de la verdad que vive en ti y que solo el corazón puede alcanzar. Somos rocío estelar, susurros de infinito, vericuetos del destino parpadeos eternos de ese rostro que nos mira y nos sublima. Nacimos el mismo instante en que nació el infinito. Es nuestro hermano, la misma esencia y sin dudarlo la misma conciencia que hoy te escribe y te recuerda: Que tú también eres polvo de estrellas. Si hace algún tiempo alguien me hubiera dicho lo que percibiría hoy, lo que sentiría hoy, lo que buscaría hoy, lo que sería hoy; que siempre he sido solo que no me había visto a mí mismo, le hubiera dicho que estaba demente, que ya no leyera tanta ficción o que ya no usara tantas drogas o que me invitara a usarlas. Hoy por hoy en este parpadeo del universo te digo a ti; salvaje hermano amante del infinito: abraza tu fe en el universo y tu locura dejando atrás todos tus miedos pues solo así abrirás de nuevo ese portal de donde saliste y a donde seguramente vas a regresar. Puedes asomarte a él y así puedes recordar lo que eres en verdad. …Sí, ¡recuerda! Yo te garantizo que ahí está pero debes usar el corazón no la mente o la razón; Si recuerdas con la mente solo te confundirás y no pasaras más allá de tus propios límites. Los recuerdos de lo que eres están grabados en el mismo infinito de donde provienes. Oh Sí, ¡el corazón tiene memoria! Así como el Alma es conciencia pura y es en ella en la que existes; todo és y todo eres. Recuerda…

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