El perfume de Dios

El amor a Jesús es un fuego que baña mi sangre me abandono en el perfume de santidad endulza mi corazón y no cesan mis rezos en los días de oración cuando mis ojos brillan ante su divina presencia un rayo de luz que toca mi cabeza, manos y pies meditando por su gran humildad. Como de tu bendito pan que derrite en mi boca y llevando la ofrenda de amor a sus pies cada domingo en la que le entrego mi alma mi mirada elevada al cielo me parece verle y al fondo el canto de los salmos que toca mi espíritu como lanza en mi pecho, tenía ese instante un momento de niña me llenó un blanco silencio, un abandono de paz tan sereno como un tierno arrullo. Cuando he vuelto en sí, tomo mi Dios lo más bello de lo natural y bendito amo su presencia ante la bella vida. Rosa Maria Reeder Derechos Reservados

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